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Restauración de la Sala Hipóstila y el banco del Park Güell

Criterios de la intervención

Ilusión y respeto

Un trabajo de artesanía

Sala Hipóstila y Teatro Griego

Fases de ejecución




Artículo extraído de "L'INFORMATIU" publicación bisemanal del Col.legi Oficial d'Arquitectes tècnics i Aparelladors de Barcelona.
La Restauración del Park Güell (Noviembre 1987- Junio 1994)

Restauración de la Sala Hipóstila y el banco del Park Güell

En el Park Güell, el "trencadís" es uno de los materiales de acabado fundamentales y sin duda el más emblemático. Pero el material con que se realiza, la tierra cocida esmaltada, es inadecuada para estar expuesta a la intemperie. El barniz tradicional de plomo es transparente y se puede colorear con óxidos de metales. Esta transparencia hace que, para conseguir un color vivo, que destaque por encima del rojo de la arcilla, sea necesario, primero, recubrirla con una tierra blanca llamada engalba. El proceso de cocción a baja temperatura no consigue fusionar la engalba y la arcilla roja. Cuando el barniz se deteriora, penetra el agua y la engalba se desprende con mucha facilidad y aparece la cara desnuda de la tierra roja. En el caso del "trencadís" este problema se acentúa ya que, al cortar las piezas, se rompe la continuidad del barniz y, por lo tanto, la protección. Últimamente, también se ha notado el efecto de la contaminación, especialmente el de la lluvia ácida, que ha acelerado este proceso. La degradación de la baldosa de tierra cocida esmaltada es especialmente grave para la arquitectura modernista y, juntamente con la corrosión de los flejes embebidos en el mortero de cal, constituye su principal causa de degeneración.

De esta forma los dos elementos que permitieron el esplendor de este periodo de la arquitectura, la policromía de las baldosas y el atrevimiento de formas que permite el hierro dentro de la cerámica, son la fuente más importante de deterioro. Y este es un proceso irreversible que requiere soluciones difíciles y complejas. En esta primera fase, se ha intervenido en el recubrimiento de las bóvedas y las columnas de la Sala Hipóstila y de todo el banco perimetral. En los dos lugares los desperfectos eran similares, pero tanto su intensidad como la dificultad que tenía la restauración eran muy distintas. Para empezar, la Sala Hipóstila, aun siendo un espacio exterior, está más protegido y, por tanto, los efectos de la intemperie son menores. Esto hizo que su estado de conservación fuese mejor. Por otro lado, el recubrimiento es básicamente blanco, a pesar del efecto de mosaico que producen las diversas tonalidades, y los episodios de color se limitan a los grandes rosetones de Jujol. La escasa presencia del color ha simplificado el proceso de reposición.

Las restauraciones anteriores, que a menudo han sido una fuente de distorsión del original, fueron pocas. Básicamente, se concentraban en reparaciones puntuales del "trencadís" en los dinteles. En las fotografías, se puede comprobar la mala calidad de estos trabajos. Otras actuaciones similares que uniforman la variedad de tonos en blanco, se encuentran aun en el aplacado de los muros de la escalera principal en al zona donde no se ha intervenido.

Por lo que respecta al banco, los problemas se repiten a mayor escala. La situación expuesta, con unas caras que se presentan a pleno sol y otras en la sombra y, por lo tanto, con diferencias de temperatura importantes, el efecto del hielo, de la contaminación, y también del vandalismo, hicieron que la mayor parte del "trencadís" perdiese su capa de esmalte. También era notable el efecto perturbador de las reparaciones anteriores. Partes muy grandes del "trencadís" del banco, especialmente las zonas más castigadas, eran producto de antiguas restauraciones hechas sin ningún rigor histórico. Estas actuaciones se pueden apreciar fácilmente en las fotografías hechas antes de la actual intervención. Concretamente, en las piezas de acabado del respaldo y de la riñonera, se pueden identificar los dos modelos de sustitución que corresponden a dos etapas distintas: una en la cual se colocaron piezas de colores uniformes -blanco, verde i azul- y otra en la cual la sustitución se hizo con piezas de cerámica de Esparraguera -con fondo amarillo y diversos tipos de manchas verdes. En los dos casos, las piezas tienen juntas perpendiculares a la directriz i no al bisel, como en las piezas originales. También se habían sustituido muchas baldosas blancas de la base del banco, aunque a causa de su color era más difícil de apreciar.

Uno de los primeros trabajos realizados durante la restauración consistió en identificar y documentar las piezas de baldosa. Se determinaron diversas intervenciones, a partir del tipo de baldosa que se utilizó, de fabricación manual o mecánica, el tipo de barniz y engalba, e tipo de soporte, y también la manera de colocarlas y el material de fijación. Además se hizo un minucioso estudio fotográfico de los elementos policromados. En el caso del banco se fotografió por delante y por detrás, en toda su longitud, haciendo una fotografía cada cincuenta centímetros.

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